Páginas

miércoles, 6 de mayo de 2026

Friedberg - "El Fielfalt-Fest, el Pastis y el Flaco"

 Después de probar en Jam Sessions y Open Stages, me quedé con los segundos porque me permitían probar mis canciones ante un público interesado, y respetuoso, y también porque podía ganar experiencia en escenarios diversos donde normalmente no hay mucho tiempo para montar-desmontar y probar sonido. Asimismo porque me servían para hacer Networking y sobre todo, para tener el placer de tocar en lindos lugares como el Fielfalt-Fest o el sótano del Pastis. 

Me alegra haber tocar en el legendario Pastis, que según he descubierto, fue desde 1993 un Café-Bistro donde la cultura de Friedberg tuvo su espacio. En él algo me llevaba a Latinoamérica, tal vez su mobiliario sus posters, o simplemente su acogedor escenario en el sótano con el retrato del Che Guevara mirando al publico. 


Con Nounou, su dueño, logré conversar. Una vez mientras le pedía una cerveza; me respondió con murmullos, no sé si me decía que; esperara mientras reparaba la maquina; o que no tenía más cerveza porque de la maquina solo salía espuma; o que no le importaba y no me iba a dar ninguna cerveza; o que le diera un poco más de tiempo y que lo lograría; o que de la cerveza que la había pedido no tenía y tampoco le importaba. Por surte, y cómo fuese, logré mi cerveza. Otra vez después de bajarme del escenario, en mi último Open Stage allí, se me acercó y ya sin estrés me compartió un par de historias del Pastis y de su vida, y hasta se animó a ir a la mesa donde estaba con un par de amigos. Compartimos un par de vinos, y un par de sus historias, lindo. 


Unos meses después, tras 33 años, el Café-Bistro Pastis - Chèz Nounou cerró definitivamente, hubo una celebración de cierre y sus objetos fueron subastados para que le comunidad de Friedberg se asegurará un recuerdo del legendario lugar. 


(Apenas ayer supe que pastis también es un trago anisado de Marsella en Francia, habrá que probarlo). 


Al Café-Bistro Pastis llegué gracias a Manuela, Peter y Florian, los chicos que el primer jueves de cada mes hacen el Open Stage Friedberg. Antes lo hacían junto al Che en el Pastis, pero ahora que no está lo hacen en su predecesor el Cafe Butter und Salz, pero ya sin Nounou y sin el Che, que se fue con él. Manuela, Peter y Florian también hacen el Open Stage en festivales de la zona como el WutzStock Fest y el FielFalt Fest. Allí tienen un espacio dentro la programación, moderan y dan espacio a sus invitados. En estos dos últimos también estuve. Del WutzStock Fest también tengo lindos recuerdos.  


Del “FielFalt-Fest”: cuando escribo en el traductor me da “Fiesta de la diversidad”, pero es un poco más complejo porque ambas efes está escritas en mayúscula. Igual me gusta pensar que el nombre viene de la pluralidad, la multiplicidad; de la fiesta de la diversidad cultural. 


De fiestas, algo sé, quizás por eso esta semana mientras escuchaba “Los Espiritus” me reía silenciosamente en el metro, en la calle, en mi casa, en la entrada de la escuela donde trabajo, con su canción: “Lo echaron del bar”. Pensé quién de mis amigos, de las viejas épocas, podía cuadrar con la historia de la canción, y si bien no encontré uno, todos cuadran.


Dice la canción: 


Lo echaron del bar;

no podía hablar, no podía caminar, no podía pagar. 

Lo echaron del bar;

sacó una navaja, se cayó al piso, lo levantaron. 

Lo echaron del bar; 

se despertó después de media hora, insultó al dueño, 

insultó a la mesera y se puso a llorar. 

Lo echaron de bar;

el oficial lo llevó a la comisaría, le vomitó el patrullero. 

Lo echaron de la comisaría; 

ya era de día cuando llegó a su casa, 

su mujer lo estaba mirando desde el balcón, 

él se miraba el zapato que le faltaba cuando escuchó, 

“!qué haces acá, rajá de acá¡”. 

Lo echaron de su hogar. 

Lo echaron del bar. 


Si pienso un poco más, algunos familiares también cuadran. 


Cuando mi familia empezó a cambiar se empezó a dividir. Los que empezaron a conseguir algo de plata se querían juntar con otros que tenían algo plata y estos a su vez se querían juntar con otros que tenían más plata, y así. 


Una viernes un primo, de los que estaba empezando a conseguir plata, logró novia de las que ya tenía algo de plata y decidieron armar fiesta en casa de la Tía, con otros que tenía más plata. Invitaron a este al otro, que a pepito Jaramillo que pepita Mejía, y también al primo de toda la vida, el Flaco. Al Flaco le gustaban las motos y la viejas buenas. La plata le gustaba para poder chalanear más motos y levantar más viejas buenas, pero mucha no tenía. Ese viernes había estado cambiándole el escape a la moto por uno más largo, que sonará más vacano. Era el plan los viernes, caerle a Checho en la tarde al taller, hacerle cualquier gallo a la moto y tomarse unas cervecitas. Muchas veces se iban después entonados para algún lugar donde hubieran viejas buenas a seguir tomando. Pero ese viernes lo llamó el primo para invitarlo a la tomata en la casa de la tía. Al Flaco le alegró porque en los último años ya no se veían tanto. Le dijo a Checho que lo acompañara pero le respondió: no Flaquito, qué pereza picados. 


Sobre las ocho de la noche salió el Flaco, solo, en la moto tronando, con el nuevo escape para la casa de la tía, ahí ya iba entonado. Cuando llegó le abrió la puerta una vieja buena que no conocía que estaba junto a otra vieja buena que tampoco conocía, entonces pensó: va a estar buena la cosa.  



Pero lo único bueno que había para el Flaquito era aguardiente y cigarrillos gratis, porque el primo lo ignoró todo la noche y las viejas buenas ni bolas le pararon. Cuando hacía un chiste nadie lo miraba y cuando lograba conversa para hablar de motos parecían burlase más que conversar con él. Sin más, se pegó de la botella en una esquina del apartamento; aprovechaba que estaba cerca del balcón para salir a fumar. Poco a poco estaba más en el balcón que en la fiesta; salía fumaba vogaba aguardiente y entraba para service más aguardiente. Y así, entre el sereno, los puchos, el aguardiente y la mala onda se le saltó el taco al pobre Flaco.


En una de esas entró todo asoliado les gritó a todos que eran unos picados y que ni tanta plata tenían, y se sentó sobre la misma silla de la esquina, junto al balcón, y se quedó dormido. A nadie le importó, mucho menos al primo, que estaba piloteando aún los amigos de la novia. Por allá a las tres del mañana el Flaco se despertó, ya se había ido la mayor parte de los picados, solo quedaban algunos aún conversando. Entonces se levantó a servirse más aguardiente y fue la primera vez que el primo le habló en toda la noche; - tiene que aprender a tomar flaco. 


- ¿A tomar? Le contestó inmediatamente el Flaco gritando: - aprender usted con semejante boba que ni buena está, y esta mano de picados que ni tanta plata tienen. Y con la copa llena a rebosar de aguardiente quizo volver al balcón a fumar pero esta vez se tropezó con un doblez del tapete, y por no regar el aguardientico que llevaba en la mano, terminó aterrizando sobre la mesa de la sala, de vidrio caro, que la tía había comprado en la USA. La mayor parte del aguardiente voló a la cara de la novia del primo y el resto en las camisetas Lacoste de los amigos de plata. El estruendo del Flaquito contra el vidrio de la mesa fue tan grande que la Tía se despertó saltando de la cama y llegando sin demora para ver a su sobrino yacer sobre los pedazos de vidrio importado de la USA; estaba de espaldas con los pantalones un poco caídos, tenía los Boxer azules brillantes que la Mamá de Checho le había vendido a crédito y que decía que eran de la USA. Lo echaron de la fiesta.


 Esta es la tercera entrada de este Blog donde busco compartir mis aventuras musicales en la distancia con la gente que se interesa por mi trabajo, con mis amigos y con mi familia. 


Puede ser fácil aparecer exitoso en las redes sociales. Y por eso quiero en este  blog contar cómo vivo mis conciertos que son, cada uno, una aventura. No siempre se brilla, o mejor dicho, a veces realmente se brilla, o mejor dicho eso de brillar es cuento chino, lo que hay es disfrute, aprendizaje, desilusión, y eso es también poesía.  


Desde hace varios años, tengo la inquietud de la escritura, y hace poco pensé contar algunas de mis antiguas historias por medio de las nuevas que ahora estoy viviendo con mi música. Creo que ya lo he hecho sin pensarlo en mis dos primeras entradas, pero en esta pasó algo distinto.


La historia del flaco se me filtró por algún lado; no tengo un primo que le digan el Flaco ni otro que fuera picado, no soy ni yo el que habla, pero sí que viví esa realidad, justo allá en la montaña que canto. Porque si bien es una montaña con la magia que aun mis palabras intentan describir, también es el lugar de donde hui. 



La relación de la historia del Flaco con mi presentación en el “Fielfalt-Fest” fue la fiesta. Aunque este festival poco tiene que ver con la idea de fiesta que tiene mucha gente de la montaña de donde vengo, siempre hay algo que festejar cuando la música aparece; la melancolía, el amor, la ausencia, el triunfo. Alguien me dijo una vez que la música en sí era un triunfo (Tomás de Onda Vaga). Y aquel día en el Jardín del castillo de Friedberg se festejaba la diversidad, y eso, en un país como Alemania, sí que es un triunfo.  


El día del festival era un hermoso día de verano alemán, con ese cielo azul intenso y la luz del sol regalando colores donde unos meses antes hubo oscuridad. Entonces, en aquel pequeño bosque, jardín de aquel castillo, donde estaba este lindo escenario del “Fielfalt-Fest”, vino una nueva aventura. 


Como siempre, tenía esa ansiedad antes del momento; estaba parando a un lado del escenario, viendo el acto antes del mío. Me dije, voy a tocar sentado porque no quiero equivocarme hoy, voy a tocar canciones que tenga muy bien ensayadas. Pero el escenario me llevó a otro lugar y nada de eso hice. Toqué parado, hice un intro improvisado; fue lindo porque mientras tocaba un arpegio me presentaba; Ich bin Samuel Bastian tutututú… ich Komme aus Kolumbien tutututú… und heute spiele ich… und ich wünsche euch viel Spaß tutututú. Las dos primeras canciones salieron bien, aunque en la segunda, que era solo instrumental, sentí cómo si las cuerdas hubieran perdido peso y estuvieran completamente destensionadas (no desafinadas), seguían sonando bien; cuando terminé me di cuenta que había puesto el capo un traste abajo. La tercera canción sí fue un desastre: erré el loop, desafiné como loco; simplemente la canción no tenía que estar allí. Lástima, porque en el final debe estar la mejor, la más fuerte la más firme, pero así es, no se brilla siempre, pero se aprende. 


Muchas gracias a Manuela, Peter y Florian, y los demás chicos que mes a mes se esmeran para tener un lindo escenario para que artistas como yo podamos seguir disfrutando y aprendiendo de la música, y gracias también por ofrecer espacios culturales tan genuinos a la comunidad de Friedberg.

No hay comentarios:

Publicar un comentario