Y fue, se acabo. Se
acabo la ilusión, se acabo el de pronto, el tal vez, el ya vendrá. Pero solo
eso se acaba, porque sus risas seguirán, sus ojos seguirán, su imagen seguirá. Es
así, todo es así. El mundo es así porque no entiende de amores no entiende
nada; el viento sopla cuando los barcos naufragan, el sol abunda cuando los
arboles arden, el tiempo corre cuando quieres regresar. Rivadavia y Ayacucho
aquella esquina, aquel lugar siempre va a sonar a Skinny Love, a mi pelo mojado esperándola, a mis tenis sucios, a
las veintiuna horas, a mi pantalón sin lavar como con un poco de miedo, como
con un poco de locura, como que quiero que me lleves, sácame de acá. Nadie
entiende, nada entiende; Belgamba no entiende, San Telmo no entiende, Congreso
no entiende, Púan no entiende, yo no entiendo.
sábado, 22 de septiembre de 2012
lunes, 9 de julio de 2012
El Reflejo de la Hormiga
Entramos a la estación del tren. Había
mucha gente como siempre, ya me empezaba a acostumbrar a ser una hormiga más
del vasto hormiguero. Ana compraba los boletos de regreso mientras sentíamos
cansancio hambre y las severas picaduras de los mosquitos. Después de tener los
boletos en sus manos apresuró su paso, y sin preguntar nada Laura y yo la
seguimos. Fuimos tras ella corriendo hacia uno de los trenes que estaba
estacionado en las vías. El hormiguero se manifestaba nuevamente, sus vagones
atestados de hormigas paradas sentadas, esperando llegar a sus nidos. Mi morral
era grande a pesar de haber dejado mucho de la carga en la isla, me era difícil
dominarlo, le pegaba a muchas de aquellas con él.
Ana continuaba su paso rápido al
parecer con una meta, como si supiera que en el fondo del tren nos esperaba un
lugar vacío con linda vista, pero antes de haber llegado al último vagón, aquel
vagón donde las bicis se mesen de un lado otro suspendidas del techo, se detuvo
abruptamente nos miró y preguntó ¿Qué hacemos? No había lugar donde
nos pudiéramos sentar. El tren estaba repleto de hormigas respirando, rosándose
por medio de sus sonidos, de sus suspiros. Nos quedamos desorientados sin saber a dónde ir y mucho menos en dónde
sentarnos. Ante esto nos percatamos de un lugar en el piso, cerca de dos botes de basura, los mismos
que unos instantes después se convertirían en nuestros acompañantes durante un
gran trecho del viaje; nosotros junto a ellos, en el piso, viendo aquel vagón lleno de hormigas, desde abajo.
Pocos minutos después del inicio de la
marcha del tren, miraba a la ventana desde allí, desde el duro muy sucio pero
tranquilo piso. No tenía la vista que esperaba tener en el momento que
seguía a Ana y su decidida marcha, pero veía como la noche caía lenta, y con su
caída engendraba las luces que tiernamente se delineaban en siluetas, las mismas
que el día ignoró. Aunque la ventana se hacía pequeña a mi mirada no eran solo
esas siluetas cuadradas luminosas inertes, las que se veían allí. Había además tenues,
ligeras y suaves figuras, eran muchas de ellas, tantas como aquella ventana por medio de nuestra baja mirada, podía soportar. Había figuras grandes otras
no tan grandes, otras chicas, otras rockandrolleras como la de la hormiga que pedía
dinero con su guitarra tocando una canción del flaco Spineta, y otra la más
hermosa, suave y ligera; la de aquella hormiga nariz delicada, pelo suave ojos
verdes piel tierna y sonrisa perfecta.
Los primeros momentos después de
encontrar esa hermosa figura en aquella ventana, fueron de contemplación pura,
ya que seguía sin percatarse, en su conversación llana, cotidiana, normal. Yo encantado le miraba y le miraba; miraba su nariz delicada casi
frágil, delineada tenuemente. Observaba cómo su boca era traspasada por
siluetas luminosas inertes que viajaban al ritmo del tren. Sus pendientes iban
y venían al igual que su pelo, el cual caía frescamente en juego con el limpio
de su rostro. Allí estaba yo, en el piso, cansado, picado de los mosquitos, con
un poco de hambre y nostalgia, pero disfrutando de la figura de aquella hormiga, solo como podía ser
para mí, allí en la ventana.
Fue por algo, quizás mi mirada le
rebotó fuerte en la ventana, o solo porque así se lo sugirió el momento. Se volteó hacia mis ojos al pasar la estación cuyo nombre no recuerdo. Al
encontrarme directamente con sus ojos no pude sostener los míos y el afán de continuar
viendo hacia ‘ella’ se desplomó en mi vergüenza. Mirando hacia el bote de
basura a mi costado sentí una sensación de incomodidad, de intranquilidad, la
cual llevó una vez más mi mirada hacia la ventana. Estaba allí, ahora era yo el
observado por medio de unos ojos vivos, muy verdes, penetrantes. Sin que el acompáñate
se percatase, ‘ella’ había empezado a jugar mi juego, sus miradas venían
hermosas clandestinas; soplidos frescos con mensajes escondidos.
Cuando su compañero la miraba ‘ella’ volvía a verlo, seguía viéndole hasta que él miraba a otro lugar y entonces rápidamente me lanzaba palabras en el vaivén de sus pendientes en el suave relieve de su nariz en el penetrante verde de sus ojos. Eran miradas, miradas que me hacían sentir como en el colegio, como chico, vivo, eran esas miradas que te sonrojan, esas que te hacen pensar en lo torpe que aún eres con las mujeres. Con ellas iban y venían clandestinas emociones penetradas por el rápido y casi violento correr de las siluetas inertes luminosas, que se posaban en nuestros reflejos.
El penúltimo vagón del tren de Tigre seguía su marcha, repleto, el piso muy duro frío, pero placentero emocionante. A unas pocas estaciones del final del recorrido tres lugares en frente mío se desocuparon. Ana me miró y entendí su mensaje; corrí hacia uno de los lugares, ella me siguió rápidamente y logro otro lugar, pero en el momento en que Laura emprendió su camino, ‘ella’, aquella hermosa y tenue figura en la ventana, salió desde ese ligero y suave mundo casi fantasmal, para sentarse en frente mío justamente en el lugar que Laura buscaba ocupar. Entonces no fue más esa tenue figura en la ventana, en ese momento se convirtió en una hormiga más, tan real como las que rozaba con mi morral, tan real que casi podía tocarla con la punta de mi rodilla.
El tren seguía, avanzaba y ahora 'ella' estaba en frente mío, la vergüenza antes momentánea se tornó completa, pero a pesar de esto sentía aquel placer. Pero no era 'aquella' del reflejo, esa belleza no habitaba más allí, sin embargo algo aún
persistía en su mirada verde penetrante de pendientes bailantes. Estábamos los cuatro; Ana
y yo, ella y su compañero en frente, no sé cuándo ni cómo aquel logró ese
lugar. Pensé que el chico era más que un simple compañero de viaje por la
manera como la miraba y le hablaba, claro, en su posición yo estaría
exactamente igual. Por ello decidí no verla más para no causar una discusión o
cualquier escena, estaba cansado y una discusión de ese tipo era lo último que
quería.
Volví mi cara a la venta que ahora
estaba cómodamente a mi izquierda y empecé a mirar desprevenidamente las
siluetas inertes luminosas con una sensación de estar entre ellas. En un
momento aparecieron tenues ligeros y hermosos esos pendientes ese pelo ese
rostro bellamente delineado, su suave nariz. Allí estaba nuevamente
‘ella’, tal vez fue un mensaje mi acción de mirar a la ventana, o tal
vez quiso recuperarme. Ahora más clandestino, casi nos tocábamos con las
rodillas pero en ‘realidad’ nos tocábamos tiernamente en la ventana, éramos
bandidos violando aquella realidad de hormigas.
No supe si ella entendió el mensaje
que nunca emití o si miró a la ventana nuevamente porque no quería perderme.
Creo que ambos sabíamos que allí, en la ventana, era el único ‘lugar’ donde podía ser lo que estaba siendo. Entonces mirábamos las tenues luces y con ellas nos seguíamos, nos seguíamos viendo, nos seguíamos
percibiendo, nos seguíamos... enamorando. Porque tal vez allí, en aquella ventana
del tren, solo allí, existía eso que nos hizo vernos frente a frente siendo dos
figuras tenues, suaves y ligeras; dos reflejos de hormigas insignificantes.
El Día de la Marcha Contra las F.A.R.C.
Al salir de mi casa me topé con una mujer de unos
cuarenta años de edad, tal vez más. Ella buscaba con afán algo alguien, se
podía ver con facilidad en su rostro desgastado, demacrado un tanto preocupado.
Por arriba de su camiseta azul, recuerdo, llevaba un abrigo de lana peruana
negro, con una especie de tejido Inca blanco grisáceo el cual se deformaba con
el ancho de su busto. Tenía un pantalón jean azul pegadito, de esos sin bolsillitos
atrás, de esos que se consiguen en la 19, el cual le dejaba ver en detalle el
círculo perfecto de sus nalgas.
Esta mujer que al parecer buscada algo alguien con
afán, que llevaba una apariencia desgastada, arrugada pero aún sexy, caminaba
afanada al frente de mi casa. Sus ojos estaban completamente rojos de llorar,
quizás por la inevitable marcha de los días, o tan solo porque un elemento a la
deriva en el viento se había postrado de manera arbitraria en cada uno de sus globos oculares. Con el encuentro de su mirada supe que trataba de
decirme que
la llamaban, que la llamaban calle, calle sufrida, calle tristeza, tristeza,
tristeza infinita de tanto amar, que la llamaban calle, calle vida. Me dolió el
pecho y pensé, ¿melancolía?
El freno derecho se quedó pegado, era el freno más
importante, el freno trasero, no esperaba eso, sin embargo no quise pensar
mucho al respecto, así que seguí con el freno delantero.
La avenida estaba atestada de carros, motocicletas
y de mucha gente que cuasi corría en el andén. En varios momentos sentí que me
arrollaban que me pasaban por encima, sin embargo no era así. Solo pasaban de
manera amenazaste para proteger su camino. Mientras concluía esto veía las
nubes blancas, sentía el viento en mi cara generándome una sensación de libertad,
de tranquilidad, tal vez de felicidad. En un momento, el centro de la ciudad empezó
a asomarse por medio de la punta de la iglesia, estaba arriba muy arriba, por
encima de todos aquellos grises y opacos edificios.
En la entrada del centro me topé con el teatro.
Percibí a alguien en una de sus dóricas columnas. Era un hombre de tez morena,
gafas de cinco mil de esas que se consiguen también en la 19, zapato café
brillante al igual que su piel, una camisa blanca y un pantalón negro bien
planchado. Quizás estaba esperando a alguien, quizás no era nadie, quizás era
alguien que lloraba en las noches por no poder ser alguien, quizás soñaba tener
un pantalón bien planchado y una camisa blanca con gafas y zapatos brillantes, para
brillar siendo alguien en el teatro del centro, el más grande y más famoso de
la ciudad.
Logré enredar el cable del freno trasero de alguna
manera, logrando que este volviera a funcionar.
En la plaza principal de la ciudad, gritaban
desbordados tratando de predicar nuevos testamentos, aludiendo a dioses
perfectos para salvar almas imperfectas que clamaban por sus vidas; induciendo
así a estos pobres de espíritu, a entregar los pocos recursos que tienen para
sobrevivir; juventud, fuerza, dinero, arrebatados por medio del miedo que solo
ellos pueden curar; ‘esclavitud’ y dependencia. Así que concluí con un poco de
furia, que la humanidad estaba en total decadencia desde sus inicios, pensé, si
esto se ve en la plaza principal de mi pequeña ciudad 3 p.m., qué más puede
suceder.
Llamada a
doscientos, decía en
un puesto de dulces de la plaza, era de un hombre demacrado, desahuciado, y con
mucha tristeza en su rostro. Los paquetes de caramelos brotaban por doquier en
su pequeño y triste puesto en el cual guarda, como viejas fotos, todas sus ya
sepultadas esperanzas y razones de vida. Lentamente este hombre se iría
enterrando junto a su triste puesto de dulces, pensé.
Con mi bici en la mano,
a punto de llegar al tope de la montaña, me percaté de un viejo papel; "Puede
que para el mundo no seas nadie pero para alguien tu eres el mundo". Estaba pegado en un
muro en la entrada de Chipre, aquel era un muro olvidado, desteñido por el sol
en cual se postraba a diario en él, al igual que en el papel. Quise ser entonces
una especie de fotógrafo del alma para retratar aquel muro y llevar ese papel
conmigo antes que desapareciese.
Logré llegar a la parte más elevada y por tanto
con más vista de la ciudad; casi en trescientos sesenta grados se podían ver
majestuosas montañas tocando el cielo.
Era como ver el mar; sentimiento de grandeza mezclado
con ínfima existencia. La tranquilidad que se posó en mis sentidos era triste
pero llamativa, era la paz abrigándome en su lecho. Sentí como si estuviera en
la playa con alguien mirando aquel monstruo azul que me llamaba constantemente,
el mismo que siempre me ha querido tragar cuando me le cercaba. La tranquilidad
de ese lugar hizo que mis párpados se cerraran y mis sentidos emprendieran un
viaje por la inmensidad de mi mente. Este viaje me invitaba a lugares que no
podía identificar, ya que mis sentidos, inexpertos, me limitaban. Lo que iba
viendo era grandioso; vasto, muy verde y tranquilo, lo escuchaba, lo olía. Sin
embargo mis sentidos ya lo conocían, ya lo había experimentado, necesitaba que
no se fuesen sin percibir otras vastedades, otros verdes, otros olores otros
sonidos. Sentí la necesidad de más alimento para mi viaje.
Llegue al
mirador, ya no necesitaba los frenos, sin embargo estos funcionaban a la
perfección.
Había una
pareja de ancianos sentada a mi lado, la mujer miraba con preocupación un
papel, quizás era una factura o algo parecido que tendría que pagar y el dinero
que recibía de su tienda de abarrotes no le alcanzaría, no le era insuficiente.
El hombre miraba al monstruo gigantesco que tenía en frente, lo observaba con nostalgia,
en su juventud el mirador no existía, y pensaba que quizás, en aquel momento
hace treinta años, estaba enamorando chicas en su vereda. El hombre recordaba
que los domingos iba a la iglesia, que solo lo hacía para tener oportunidad de
conocer nuevas chicas, y por qué no emparentar con una de ellas y poder amar.
Lo que no sabía en ese entonces, era que una de esas chicas que con necesidad
anhelaba, cincuenta años después, sería la mujer que el día de la marcha contra
las F.A.R.C. lo estaría acompañando, en la abrumarte sensación que la traía
aquel mirador.
Sí el
mirador, aquel lugar, destino final del día, el cual me hizo sentir la playa en
aquellos días junto a alguien, lugar que me hizo comprender en su verde
vastedad a lo lejos, a lo lejos, el inicio de mi melancolía.
miércoles, 20 de junio de 2012
Filiph Tagg, Brecha, 2004. Montevideo, Uruguay.
En
esta entrevista, el teórico insignia de la denominada 'música popular', aborda temas como análisis, autenticidad, relatividad y tecnología musical, entre otros.
http://www.tagg.org/articles/xpdfs/Brecha040730.pdf
martes, 12 de junio de 2012
La Era de la Perilla
Que maricada, porque el hombre necesita moverse necesita zafarse de
esta, maricada. En todo caso si
compras serás feliz. Me dijo mi cabeza que un amigo le había dicho ayer. Entonces
fui a comprar una interface USB, para
tener más acceso a la ‘creación posmoderna' de música. Ahora que tengo la interface USB, siento necesario un controlador
MIDI, y tal vez cuando tenga el controlador
MIDI, quiera otro ordenador ya que este no me va andar bien con toda esta
sofisticación.
Estuve en el concierto del guitarrista de Bomba Estéreo quien en solitario tiene un proyecto, dría yo, de música electrónica, tambora y voz. Tenía expectativa, quería ver cómo sería que con la guitarra, y seguro algún pequeño rack de efectos, este personaje haría un sonido parecido al de Bomba, pero para mi sorpresa, este sonido fue mínimo, y de guitarra ni el rastro, lo que sí vi mucho, fue movimiento de perillas, ya que tenía un amplio set de estos controles.
Perilla o knob, pad, fader, entre otros, son controles que, en la mayoría de casos, se utilizan para manipular, en tiempo real, dispositivos digitales, ya sea desde un ordenador o desde algún tipo de procesador digital. En el set de este ‘guitarrista’ estaban incluidos varios de estos controles por medio de los cuales logró generar enorme placer a los asistentes del concierto, entre ellos yo. El acto fue una presentación más de música electrónica, esta misma música, que de la mano del mercado se ha convertido en la vanguardia de la música actual, siendo la perilla en ella, un elemento fundamental para su creación y desarrollo.
Con la llegada de la tecnología digital, la creación musical pasó de ser un resultado a ser un proceso en el cual la yuxtaposición tiene un papel esencial. La música electrónica, hija de la tecnología digital, es el ejemplo por antonomasia de esta, reinterpretación del significado de la música, ya que no crea ‘nuevos textos’, solo los cita yuxtaponiéndolos. ‘El guitarrista’ de Bomba deja ver cómo es que esta música, yuxtapone ‘textos’ digamos, populares, sobre una misma pieza o canción; ‘apartados’ de frases rítmicas de una tambora del Pacifico con riffs de voces en alemán, además de melodías de la cultura Caribe con beats de minimal tecno, entre otros, son yuxtapuestos logrando un efecto de electro tecno folclor, diría, en el cual se evidencia la identidad que erige esta música.
Ableton Live, un software para la producción musical desarrollado por la compañía alemana Ableton AG, proporciona herramientas compatibles a este nuevo significado de la música. Está pensado para la composición de música, de resultado, en su vista Arrangement, que como muchos softwares de la actualidad proporcionan, de izquierda a derecha, un horizonte temporal para tomas de audio, y de arriba a abajo, la posibilidad de mezclar dichas tomas. Ableton Live posee además la vista Session, la cual, sin un horizonte temporal, brinda la posibilidad de construir un set virtual en el cual es posible yuxtaponer clips o fracciones musicales por medio de Knobs, pads faders virtuales, o hacerlo en tiempo real, por medio de un controlador MIDI. Aquí esta música va siendo creada en una yuxtaposición de ‘textos’ sobre este set preconcebido sin una línea de tiempo determinada, lo cual la convierte en una música de proceso, que puede repetirse o no, a deseo de la persona que manipula las ‘perrillas’. Así este software, es la herramienta ideal para exponer este nuevo significado de la música de la posmodernidad.
En mi caso, la música como el arte en general, además de ser un medio de expresión, es un medio para escapar de un mundo indeseado, un medio para ‘viajar’ a universos ajenos a las realidades humanas, es la máxima potencia para la existencia. Con este cambio de significado de la creación musical se ponen en tensión dos puntos fundamentales del sentido de la música en este respecto. El primero tiene que ver con el carácter asocial, ya que si es posible manipular por una persona todo lo que antes era solo posible entre varias, es decir que es posible que solo una persona, frente al ordenador, pueda generar un sonido capaz de atraer la atención y generar placer en otras personas, ‘crear’ música; las sesiones de tragos e improvisaciones espontaneas de varios actores, entre muchos otros actos musicales netamente humanos, desaparecerán convirtiéndose el músico en una especie de técnico programador solitario.
El segundo punto tiene que ver con la pérdida de control inmediato sobre lo que apartemente se controla, ya que no se está creando un sonido desde la propia experiencia, sino que se está creando un sonido a partir de experiencias ajenas, prestadas, citadas, reguladas por la lógica del software, es decir no es posible ‘crear’ más allá de la lógica del software, es él quien tiene el poder de la ‘creación’ musical. Esto significa que el que manipula el rumbo de esta música, el que le está dándole un horizonte a esta ‘creación’, no es el sujeto, sino la lógica implícita de las dinámicas a las cuales el software conduce. Esto al igual que el carácter asocial de este nuevo significado de la música, desvía el rumbo, el sentido de la música en tanto expresión de experiencias subjetivas, en tanto alejamiento de dinámicas mundanas, de dinámicas ajenas. Ya que desplaza una identidad, la de la sujeto, para darle paso a otras identidades, muchas, obviamente ajenas por medio de una lógica enteramente mundana, la de la objetividad de un software, que en ultimas es la objetividad de la ciencia, un foco más sobre el mundo, que en este caso especifico propone la lógica de la yuxtaposición.
Se puede estar al margen de esta ‘creación’ musical utilizando solo la manera digamos, anterior, de hacer música, la cual permite expresar sin ningún filtro la percepción del mundo que cada uno tiene, además de tener el control sobre el sonido que se construye. Sin embrago conocer y manipular esta nueva alternativa que la dinámica del mundo actual propone, concibiéndola meramente como un medio, como una manera más, no la única para crear música, es entender que la música, en tanto fenómeno humano, no puede ser producida por un técnico y que necesita del calor de las percepciones que solo el mundo trae, es entender la diferencia entre los medios y los fines, ya que en esta era de la perilla cabe la posibilidad de que se nos pierda el rumbo hacia los fines entre los medios que lo posibilitan.
Aprender a utilizar un instrumento musical, y con esto me refiero también a las nuevas tecnologías, va mucho más allá de saber interpretar una partitura o manipular un software, es hacer sonar lo que vemos de una manera, la nuestra, la que cada uno de tiene, y para ello se necesita de sensibilidad ante lo que nos rodea, no es un trabajo técnico. Un músico es un traductor del mundo, de su mundo, funciona según su lógica, una entre muchas, tantas como músicos hay en el mundo, siendo consciente que el mundo es la totalidad de las músicas que en el existen.
Ante esto y si no se tiene ningún fin trascendental, está siempre la posibilidad de comprar interfaces USB, controladores MIDI y cuanto aparato salga al mercado de la mano de la idea de vanguardia, y así mover sus perillas para hacer música, para hacer ‘tú música’ esa que está en el ‘en vivo’, música de proceso, esa en la que ‘creas’ citando, claro para escapar a otros universos mas construidos más predeterminados, a un mundo cada vez más libre y ajeno del que vives, claro todo esto solo si mueves la perillas, porque si giras la perilla ‘haces’ música, porque si giras la perilla eres músico, sí, o para ser más prácticos, siendo acordes a la época, porque si giras la perilla serás un técnico con ritmo.
¿Cómo técnico quien es tu jefe, quien el dueño de la empresa para la cual giras perillas? ¿Te ganarás entonces un sueldo mínimo, de placer, por mover solo perillas?
FIRTH, Simon 2003. MÚSICA E IDENTIDAD. EN STUART HALL Y PAUL DU GAY (Compiládores), Cuestiones de identidad. Pág, 181.213. Buenos Aires: Amorrortu.
TAGG, Fhilip 2006. LA PELÍCULA DEL LIBRO DE LA MÚSICA, Sobre la necesidad de repensar las maneras de explicar el significado musical. Séptimpo Congreso de la IASPM-AL, LA Habana.
sábado, 12 de mayo de 2012
Guerrera del Camino
No recuerdo el momento exacto en el cual conocí a esta
guerra del camino, tal vez fue en los pasillos de la universidad, tal vez en
una noche de copas, tal vez en un parque nocturno de guitarras, en la lluvia o
bajo la luna, tal vez en todos estos tal vez…tal vez no importa, ya que sus
ejemplos han hecho que esos tal vez se diluyan con su presencia. Acá su música.
Dedos sobre la Proyección
El guerrero siempre está listo a la hora de esquivar las flechas del destino, está listo para luchar cuando todo parece perdido; al lado izquierdo los combatientes caídos, al lado derecho los que siguen en pie de lucha y al frente la muerte inminente que amenaza sus sombras. A la hora del combate, un frio sube por sus rodillas y hace vibrar sus costillas, un aire cálido con olor a hierbas entra en sus fosas nasales, como cuando se respira en el jardín del Edén, engañando sus sentidos en favor a sus miedos. No se tiene otra opción que seguir en pie, que seguir mirando a la muerte con la valentía cobarde de quien no conoce a su contrincante.
Su lanza parece tener vida, apunta hacia el cielo, donde irá su alma si no logra vencer su cobardía, apunta hacia la tierra donde será sepultado si logra dar en el corazón de quien lo intimida, pero no resiste lo suficiente como para vivir en el corazón de lo vencido.
El enemigo avanza como una veloz corriente de agua, busca encaminarse por las grietas de la tierra, que no son más que los temores del guerrero. El guerrero mueve sus dedos como si le comunicara a la lanza la proximidad de la muerte hecha agua, solo respira y siente el latido de su corazón queriendo escapar por sus oídos, pero el guerrero no lo deja escapar, y lo hace música con el sonido de las tripas hechas nudos en su alma. La lanza oxidada por el agua y el sol de las batallas que tiene que llevar a cabo todas las noches a la misma hora, es tomada por el guerrero con temblor firme, se dispone a luchar como siempre y como nunca por lo que sueña cada vez que mira el cielo y el reflejo de la luna, que hace que su circulante sangre siga recorriendo el cuerpo y no sea derramada en tierra, en aquella tierra de colchones orgánicos, de engañosos colores que pueden hacer perder hasta el más intenso color primario del anhelo.
Es la hora de apuntar, si no es ahora, no será jamás, o tal vez será mañana si y solo si lo logra hacer esta noche. Un sol enceguecedor nace en el este, un sol más brillante que el del oeste, con la magia de quienes están dispuestos a luchar por más que la naturaleza de las cosas simples sean contradictorias a la hora de soñar. La muerte como agua, está a punto de tocar sus dedos, pero, la luz del sol del este evapora la muerte, como se evaporan los miedos cuando se está de frente. El vapor recorre el cuerpo del guerrero como fuerza infinita en lo finito, recordándole la batalla vencida de la noche anterior, y la que está por vencer en la noche de hoy.
El guerrero siempre está listo a la hora de esquivar las flechas del destino, está listo para luchar cuando todo parece perdido; al lado izquierdo los combatientes caídos, al lado derecho los que siguen en pie de lucha y al frente la muerte inminente que amenaza sus sombras. A la hora del combate, un frio sube por sus rodillas y hace vibrar sus costillas, un aire cálido con olor a hierbas entra en sus fosas nasales, como cuando se respira en el jardín del Edén, engañando sus sentidos en favor a sus miedos. No se tiene otra opción que seguir en pie, que seguir mirando a la muerte con la valentía cobarde de quien no conoce a su contrincante.
Su lanza parece tener vida, apunta hacia el cielo, donde irá su alma si no logra vencer su cobardía, apunta hacia la tierra donde será sepultado si logra dar en el corazón de quien lo intimida, pero no resiste lo suficiente como para vivir en el corazón de lo vencido.
El enemigo avanza como una veloz corriente de agua, busca encaminarse por las grietas de la tierra, que no son más que los temores del guerrero. El guerrero mueve sus dedos como si le comunicara a la lanza la proximidad de la muerte hecha agua, solo respira y siente el latido de su corazón queriendo escapar por sus oídos, pero el guerrero no lo deja escapar, y lo hace música con el sonido de las tripas hechas nudos en su alma. La lanza oxidada por el agua y el sol de las batallas que tiene que llevar a cabo todas las noches a la misma hora, es tomada por el guerrero con temblor firme, se dispone a luchar como siempre y como nunca por lo que sueña cada vez que mira el cielo y el reflejo de la luna, que hace que su circulante sangre siga recorriendo el cuerpo y no sea derramada en tierra, en aquella tierra de colchones orgánicos, de engañosos colores que pueden hacer perder hasta el más intenso color primario del anhelo.
Es la hora de apuntar, si no es ahora, no será jamás, o tal vez será mañana si y solo si lo logra hacer esta noche. Un sol enceguecedor nace en el este, un sol más brillante que el del oeste, con la magia de quienes están dispuestos a luchar por más que la naturaleza de las cosas simples sean contradictorias a la hora de soñar. La muerte como agua, está a punto de tocar sus dedos, pero, la luz del sol del este evapora la muerte, como se evaporan los miedos cuando se está de frente. El vapor recorre el cuerpo del guerrero como fuerza infinita en lo finito, recordándole la batalla vencida de la noche anterior, y la que está por vencer en la noche de hoy.
Solo la luz del sol del este en
el nuevo amanecer mostrará la victoria a quienes estén dispuestos a dar su vida
en cada noche con la esperanza del rayo iluminador, a quienes estén parados en
el campo convencidos de entregar su vida, antes que esperar su muerte, a
quienes miren más allá del sol del este y no dejen hundir sus dedos en el agua
de la desesperación.
La lucha se hace desde la distancia, ella muestra la valentía guerrera de quien pelea. Soy guerrera, soy hija del sol cósmico del este, del valle sin nombre, dispuesta a mirar al sol que evapora la espera, así los dedos tarden en tocar el rayo que le da prisma a mi cuerpo, alma y aliento. Si no sigo en lucha, el agua evaporada en las nubes, volverá como lluvia, jamás dejara ver cuan grande es sentir en la espera del vivir y cuan inmortal es el amor cuando la espera se hace real, sobre la proyección de los dedos como tacto de pasiones en resurrección.
La lucha se hace desde la distancia, ella muestra la valentía guerrera de quien pelea. Soy guerrera, soy hija del sol cósmico del este, del valle sin nombre, dispuesta a mirar al sol que evapora la espera, así los dedos tarden en tocar el rayo que le da prisma a mi cuerpo, alma y aliento. Si no sigo en lucha, el agua evaporada en las nubes, volverá como lluvia, jamás dejara ver cuan grande es sentir en la espera del vivir y cuan inmortal es el amor cuando la espera se hace real, sobre la proyección de los dedos como tacto de pasiones en resurrección.
Sos vos, soy yo, en la batalla, del agua que
nos quiere ahogar y el sol que inclina sus rayos para podernos salvar.
Nataly Salazar Salazar
Serrano, Buenos Aires, Argentina.
Chica Mala, entre lo Comercial y lo Necesario
La niña Mala de Vargas Llosa, tal
vez difiera del personaje ficcional que construí después de la vivencia con la
conocida de un amigo de la universidad. Siendo mi Chica Mala más joven que la
de Llosa, en cuanto a relato se refiere, no conoció a su homónima peruana, la ‘chilenita’,
quien se hizo pasar por habitante del digno Miraflores, e hizo de la vida del
pobre Ricardo Somocurcio una tragedia de amor.
El personaje principal de la
novela de Llosa, padeció casi toda su vida los desniveles anímicos que su trágico
amor, la ‘chilentita', le dejó en sus ires
y venires. No fue tanto el impacto
que causó en mí aquella mujer, que para entonces tuviera unos 20 años y que
entre fiestas y copas universitarias me dejó una sensación de desamor, tal vez
la primera ‘real’. Esta sensación me llevó a buscar alternativas para olvidarla,
y no fue más que la expresión de esa misma sensación, la que potenció su olvido;
expresé, de la única manera que sabía hacerlo, ese sentimiento que me afligía.
Una canción fue lo que resultó, y por medio de ella construí todo un personaje,
que fue mucho más allá, en mí, de lo que aquella ingrata universitaria pudo ir.
Tal vez estos dos personajes de
ficción, la Niña Mala de Llosa y mi Chica Mala, difieran enormemente desde
diversos puntos de vista, sin embrago los dos son producto de instancias
humanas que, mal que bien, produjeron
pequeños mundos ficcionales. Claro está, es más que necesario para mí, y por
supuesto percibido por usted querido lector, resaltar las diferencias que más
que evidentes, son enormes en estos dos personajes que representan a su vez, una
maravillosa tradición literaria, y una nueva canción de la industria comercial
a veces tan light, pero que sincera y
humana fue necesaria a su autor.
Entre aquella época universitaria,
escribí una canción, la cual poco tiene que ver con la mujer que, digamos, la
inspiró. La canción tiene, en líneas escritas, dos Versos
y un Coro por medio de los cuales
busca transmitir la idea de que hay una Chica Mala suelta, con la cual no debes
relacionarte. Y no es que me interesase salvar a los hombres de las mujeres
malas, mucho menos resaltar el papel de una buena mujer en la sociedad, solo,
como mencioné, quería expresar una sensación de ‘tristeza’ que me pegaba
fuerte.
Escogí un círculo armónico básico
de cuatro acordes “naturales”, y configuré una estructura, inconscientemente, a
partir de lo que escuchaba en la radio y en la TV; nació lo que hoy es Chica Mala. La canción
posee una estructura que obedece a un Intro,
Verso, Verso, Coro, Intro, Verso, Coro y un Outro, típica de la música
popular contemporánea. La instrumentación y el estilo fueron cambiando en la
medida en que fui conociendo nuevas músicas y
por medio de estas nuevas posibilidades de expresión.
El Intro con su guitarra acústica, es un toque de trova campesina
paisa, el Outro una rumba española
herencia de una amiga de Canarias, el Coro
una suerte de ritmo Cumbia - Reggae que inconscientemente me llegó, el toque
andino de la caja boliviana en los Versos
y en la parte del Solo vino de las
raíces del productor, y el distorsionado medio Anglo de la guitarra en algunos
tramos, deviene del banco de efectos del software que utilizamos para grabarla.
Estos elementos hacen de la canción un ejemplo, entre muchos en la actualidad,
de música globalizada.
Que existan estilos como el Latin-Jazz
la Cumbia-Rock, entre muchos otros, es reflejo de un mundo globalizado musical en
el cual las culturas se han mezclado posibilitando el nacimiento de híbridos
musicales. La frase Música Fusión presente
aproximadamente desde inicios de los años ochenta, revela esta consecuencia del
‘desarrollo’ humano.
En este contexto de música
globalizada cabe mencionar la idea de industria
musical, que en ciertos sectores, posee
la producción de música popular contemporánea. Así es pertinente aclarar que no
toda la música fusión hace parte de esta industria, pero que sí mucha de ella
está permeada por esta. La idea de industria
musical implica un dinámica de división del trabajo, tal cual la acuñó Marx,
por lo cual vemos, a la hora de producir una canción, un protocolo en el cual
varios actores desempeñan diferentes funciones; compositor, arreglista, productor
e intérprete. Estos cumplen funciones exactas en este proceso, el cual está
fuertemente enfocado a la ‘creación’ de un producto
que será vendido a determinado público por medio de acciones publicitarias
acordes a su contexto. Así la canción, en este contexto, pasa de ser una
necesidad de un sujeto que la compone para satisfacer necesidades de
existencia, a ser un producto el cual tiene el único fin de ser vendido. En
este orden, la pregunta puede ser qué papel cumple este tipo de música en la génesis
de la música como fenómeno humano, o cuál es el sentido de la música en tanto
objeto o producto en busca de riqueza… ¿Cuál es el sentido de la música?
Chica Mala evidentemente no es
ajena a este proceso, ya que posee dos de estos actores; productor y
compositor. Quienes, quizá, tratando de imitar producciones populares hicimos
de esa sensación de ‘tristeza’ un producto más del mercado actual. Un producto
que obedece a una fórmula preestablecida, ya digerida por la industria. Proceso similar a quien hace
carros con base en una serie de moldes o modelos acordes a las ‘necesidades’ de
sus compradores.
Es ingenuo copiar modelos y dinámicas de fenómenos humanos, ya que en tanto tales, serán siempre cambiantes, sin embargo creo que hay sentido tanto en una canción netamente producida del Pop yanky como también en una improvisación de una banda de músicos borrachos del norte del Nigeria. Este es un tema que merece más detenimiento y que dejaré ahí para que usted apreciado lector lo considere. No sé si mi Chica Mala sea una producción en todo el sentido de la palabra, pero tampoco estoy seguro que sea el resultado de la más genuina de las improvisaciones, solo puedo decir al respecto que fue una necesidad de bienestar en un momento de ‘tristeza’.
Quisiera bordear rápidamente el tema de la
música popular en Adorno, ya que se relaciona con lo que he mencionado. Para él, naif y sofisticado, entre otras, son palabras que utiliza para referirse a la
diferencia que percibe entre la música popular y la llamada, por él mismo,
música culta de raíz europea. Sin embargo esta distinción va más allá de lo
complejo y lo simple o ingenuo. Para Adorno la distinción se da esencialmente
en términos de estandarización y no estandarización de la música. A groso
modo, Adorno habla de la música popular como una fórmula estandarizada en la
cual no hay ninguna creación y que es solo un residuo más de la dinámica de los
mercados. Con la cual la industria musical gana grandes cantidades de dinero
sin crear nada, solo aplicando fórmulas exitosas a determinados productos
pensados en satisfacer las ‘necesidades’ de un grupo humano.
Por último quiero hacer un apunte respecto de The Dancers; las personas que de una u otra manera colaboraron con la
producción y grabación de la canción, entre los cuales están, de manera
indirecta, los ‘personajes’ que aparecen en el 'video', los mismos que
acompañaron muchos fines de semana de copas, risas, improvisaciones, comidas y
más copas en mi antigua casa de Serrano en Buenos Aires los mismos que me
motivaron a seguir entre música y letras. A ellos agradezco ese placer enorme,
esa catarsis maravillosa que es la improvisación; con ellos la mejor en la cual
haya participado. Espero me perdonen por tomar una de esas fotos de findes para construir la imagen de la
canción.
Chica Mala
Verso I
En las calles y en mil lugares
todo el mundo grita y llora
ya viene la chica la chica mala
y pronto te embrujará
Verso II
En los bares y en su cantares
todo el mundo grita y llora
ya viene la chica la chica mala
y pronto te embrujará
Coro
Chica mala que no quiero que me mates
que no quiero que me ates
que no quiero te mates
Mi corazón y el dolor está vuelto un remache
Chica mala que no quiero me ates
que no quiero que te ates
que no quiero me mates
Mi corazón y el dolor está vuelto
un remache
Chica mala eres mala eres mala eres mala chica mala.
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