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miércoles, 20 de marzo de 2013

Algunas formas de des-ocultación del Ser en Heidegger


Teniendo en cuenta la diferencia antológica -ser no es ente-, la cual no tuvo en cuenta la tradición metafísica, podemos ver en inicio como el ser para Heidegger no es sustancia ni estado. Este se muestra de manera impersonal, en un ser siendo, es decir se muestra al mismo tiempo que se oculta siempre en un juego de ocultamiento-desocultamiento, en donde se desoculta como ente y se oculta como ser. En este camino que nos demarca la pregunta por el ser, existe solo un ente capaz de interpretar los rastros que nos deja dicha pregunta. Es al único que podemos preguntarle por el ser, ya que es el único ente que le preocupa su ser, el único que cuida de su ser y por tanto el único que en su angustia va siendo. Este ente es el Dasein (ser ahí), el hombre, ya que es el ente que está ahí, que se toca y está solo en el mundo, y por tanto el único privilegiado en el camino fenomenológico del develamiento del ser por medio de las cosas. Es en él mismo donde las cosas cobran sentido, o en otras palabras, done se desoculta su ser.

El estar en el mundo sugiere diversos modos de ser, todos tenemos modos de ser distintos dependiendo de nuestra cotidianidad. Así, dependiendo del modo de ser de cada Dasein, se le abrirá el ser de las cosas de manera diferente. Existen diversos modos cómo el Dasein revela el ser de las cosas por medio de su mismo ser en el mundo:

-El ser da las cosas se deja ver en la medida en que estas le sirven para conservar la existencia al Dasein, es decir como útiles.

-En la medida en que me preocupo por mí ser, las cosas van cobrado sentido en mí que hacer en el mundo, por tanto las cosas cobran sentido en tanto muestran su ser cuando yo me ocupo por medio de ellas de mí ser.

-El Dasein de acuerdo a su estar en el mundo cobra un estado de ánimo y a partir de este, colorea o dota de matices a las cosas que lo rodean o circundan de modo particular. De esta manera las cosas comienzan a tener un sentido en su existencia.

-Cuando el Dasein usa las cosas dentro de su cotidianidad, descubre para qué le sirven en la manera como se le presentan, es decir en la medida en que hace uso práctico de las cosas que le circundan, estas se le presentarán como lo que son únicamente a su ser Dasein.

-Las cosas se la abren como lo que son al Dasein cuando actúa consecuentemente al modo como las comprende, es decir al modo como las interpreta desde su actuar cotidiano.

-En la autenticidad e in-autenticidad del existir del Dasein las cosas se le van mostrando como posibles útiles en el cuidado de su ser. Esta posibilidad varía en la medida que el Dasein haga lo que tenga que hacer, lo cual implica el cuidado del su ser.

-En el arte es donde se desocultan las cosas o entes en sí mismos o, en otras palabras, la obra de arte en sí es verdad de sí misma. El ente ya no es un útil, sino que es en sí mismo algo para el Dasein. En este caso es el fenómeno quien reclama su ser, pero es también él quien orientará al Dasein en la búsqueda del suyo.

-En la medida en que voy siendo, es decir actuando, el ser se va desocultando y evidenciando en lo que hago como Dasein en la cotidianidad.

-Lo que no es el fenómeno también le revela al Dasein su ser, es decir lo que el ente aparenta ser, también es una forma de desocultamiento del ser para el Dasein.

-En al angustia del Dasein los entes muestran su ser, ya que en esta preocupación el Dasein se ocupa de su ser.

Es preciso resaltar que el camino de acceso a las cosas es la fenomenóloga, ya que es un ir a las cosas mismas, es decir ir a lo que las cosas son, como son y cómo se muestran. Según Heidegger existen dos maneras cómo las cosas se nos muestran; lo que se muestra a sí mismo o aparecer y lo que se muestra por medio de otro o apariencia. Y es precisamente allí donde se da ese juego de ocultamiento-desocultamiento, ya que si bien el aparecer es cuna de la apariencia, hace parte de lo que no es, y eso también es ser. El Dasein está en el mundo conociendo el ser de una manera fenomenológica.

Solo puede ser el Dasein el ente que desoculte el ser de las cosas, ya que es él quien existe como un ser siendo comprendiendo medianamente su ser, es decir nunca estará ya hecho, sino que siempre está en continuo desarrollo y siempre será por tanto una posibilidad de ser. Y en ese estar siendo comprendiendo su ser el Dasein desoculta el ser de los entes de acuerdo a cómo se mueve en el mundo, es decir descubre el sentido de las cosas en la medida en que existe con ellas.

martes, 5 de marzo de 2013

La cenizas de la casa Branca



Era la casa branca. Todos estaban en la sala, y aunque esperaban ansiosos por salir, las puertas… estaban abiertas.

Andrés miraba las piernas debajo de las medias negras veladas de Luisa, Luis y Gabriel compartían un vino tinto caliente en la mesa central, mientras Marta observaba por la ventana alguna estrella nueva o un planeta distante. La noche anterior habían participado de una fiesta con encajes, vino en grandes proporciones y tabaco hasta el amanecer…, claro, cavilando el escape. Este era el día, consensarían la huida. Marta, que poco hablaba tomó la palabra primero, e imponente dijo; este plan no puede fallar, tiene que ser diferente a los otros, ya tenemos que irnos…

Mientras Marta seguía su exposición, Andrés recordó la noche que pasó con Luisa; estaba solo en su balcón, a lo lejos divisaba unas luces titilantes pequeñísimas, imaginaba que debían ser de una ciudad con muchos clubes nocturnos de chicas, se veía en alguno de ellos con Daysi. Cuando era libre Andrés frecuentaba estos lugares constantemente recordando a Daysi, la joven con la cual tuvo su primer encuentro. Siempre pensaba en ella cuando veía las luces distantes, claro, hasta esa noche que salió al balcón de su cuarto a desear una vez más entre aquellas luces, su libertad. Antes que su mente cambiara de ritmo, Luisa llego al balcón. Empezó a contarle que no podía dormir, que estaba desesperada en el encierro y que no aguantaría un invierno más allí. Él no podía concentrarse en sus palabras, no podía hacerse la mínima imagen mental a partir de ellas, pues Luisa estaba en una piyama muy corta de encajes negros, y aún tenía sus medias veladas negras. Así que como pasa en las películas; a Andrés simplemente se le fue el volumen de la escena y la imagen fue la protagonista.

Seguro fue por Luisa ya que Andrés, aunque lo quisiera, no sería capaz de incitarlo; no mucho después del pequeño monologo silencioso de Luisa, estaban en su cama. Andrés le quitaba lentamente aquellas medias veladas negras, lentamente, ella lo miraba desafiante mientras le decía; -que bien Andresito, después que termines con eso vienes acá y me ayudas con algo que tengo para ti. Él únicamente atendía y atendía, se dejaba llevar. Hacía todo lo que ella le decía con una placentera impaciencia, no se lo podía creer pero era así y le encantaba. Luego llegaron los besos, los sonidos, los abrazos, los dale dale y luego y luego y luego, el amanecer. Después de esa furtiva noche no fue más Daysi la que se robó las meditaciones solitarias de Andresito, estas tenían un nuevo nombre, Luisa.

y así hasta que estemos a fuera. Terminaba Marta su propuesta. Luis se levantó y objetó; pero Marta ¿cómo vas a pretender que prendamos fuego a las cortinas?, -solo es una distracción, mientras que estas estén en llamas, nosotros habremos de ejecutar la otra jugada, pero tendremos que hacerlo rápido para que no se den cuenta y sigan pensando que es un incendió, respondió Marta. -No seas tonta, ellos no son ingenuos, saben lo que sabemos, puedo hasta pensar que saben lo que pensamos también, interrumpió Gabriel. Luisa y Andresito, veían, pero de ver poco, mejor miraban mucho, porque cuando uno mira mucho no está viendo nada. Andresito seguía más bien en esas piernas debajo de aquellas medias veladas negras, Luisa sabía de los ojos de Andresito; se reacomodaba en su silla, se miraba el busto se lo organizaba y finalmente, se subía un poco la falda.

El consenso seguía, cada vez más agitado. Luis desesperado empezó a gritar, -maldita casa, déjanos salir, no lo soporto no soporto un minuto más. -Cállate cobarde, eres tan facilista tan inútil, claro en tu familia te hicieron todo, te llegó el momento, ocúpate, porque si no lo haces con seguridad nunca saldrás de acá, gritaba Marta en respuesta. Gabriel dejó salir sus lágrimas, muchas, acompañadas de lamentos; -por qué nosotros, por qué por qué. Si están acá es por su culpa, son ustedes los únicos responsables, yo ya acepté mi destino, y de ahí parto para retarlo, concluía Marta.

Estaba cayendo la noche, los cinco continuaban en la sala, hacía frio. Después del agitado conceso triunfó la propuesta de Marta, la única, pues Andresito y Luisa sin propuesta alguna, aceptaron sin chistar. Las cosas se harían entonces a la manera de Marta, ya que siendo la única su propuesta, tendría el mando de la operación. A las doce de la noche volverían a la sala para darle inicio.

Esa noche antes de las doce, Luis y Gabriel destaparon dos botellas más de vino de las veinte que guardaban celosos a un lado de la ventana de su cuarto. Bebieron vino sin hablar mucho, escuchando “two minutes to midnight” repetidamente. Marta se dedicó a observar su estrella o su planeta, dirigiendo el humo de su cigarrillo hacia allí, hacia arriba muy muy arriba. Luisa y Andresito veían aquellas luces pequeñas a los lejos mientras sus cuerpos semidesnudos producían ese dale dale y luego y luego y luego… en aquel balcón que de alguna manera hacía parte de sus cuartos; poco licor y una chimenea encendida acompañaban su apasionado rato. Luisa esta vez no permitió que Andresito le quitara las medias negras veladas, más bien las utilizó para llevar al tope el momento.

La primera en llegar a la sala fue Marta, faltaban quince minutos para la media noche, encendió un cigarrillo se dirigió a la ventana, pero no pudo conseguir la tranquilidad para seguir contemplado sus astros. Desesperada tiró el cigarrillo y su ocupó en encender la chimenea. Luisa y Andresito llegaron, y sin hablar le ayudaron con la chimenea, tenían el pelo mojado, Luisa tenía puestas sus medias veladas negras. Luis y Gabriel bajaron con su botella en la mano, Marta les miró y les dijo; -espero que no se vayan a cagar el plan con su vino. Ellos no respondieron, Gabriel dejó la botella en la mesa central y acompaño a Luis a ir por más leña.

Eran las doce y quince de la noche, el plan estaba en marcha. Sentados todos en la sala acompañados de una enorme fogata inserta en la chimenea, esperaban el momento para emprender la huida. Andresito miraba las piernas de Luisa debajo de sus medias veladas negras. Luis y Gabriel habían destapado una nueva botella de vino tinto y la compartían en la mesa central, Marta miraba concentrada desde unas de las ventanas, sus astros.

Súbitamente Marta los miró y con un gesto les dio a entender que era hora, corriendo tomó a Luisa, violentamente, le subió la falda, le quitó sus medias negras veladas, les prendió fuego en la chimenea y corriendo alrededor de la sala prendió fuego a las cortinas que la rodeaban. Cuando estuvieron rodeados por el fuego Andresito terminó de quitarle la ropa a Luisa y dale y dale y luego y luego y luego, Marta regresó a su contemplación aprovechando el humo que salía de la casa para con soplos enviarlo arriba, muy muy arriba. Luis y Gabriel brindaron una vez más y una vez y otra vez hasta el fin de la botella. El fuego iba consumiendo sus manos; las que sostenían las copas, los dedos que sostenían el cigarrillo, y los cuerpos que se introducían uno al otro al lado de la ya ‘cenicienta’ chimenea. Luego el fuego se hizo con la sala y con la casa entera.

La casa branca se quemó por completo, solo quedaron sus cenizas y las de Marta, Luis y Gabriel, Andresito y Luisa, que por fin, fueron libres.

lunes, 25 de febrero de 2013

Nihilismo; de Nietzsche a Fernando Gonzales


Fernando Gonzales escritor, filósofo, político y abogado antioqueño, poco conocido en su época, pero acogido considerablemente por las nuevas generaciones de libres pensadores colombianos, es uno de los gestores del nihilismo nietzscheano en Colombia durante la primera mitad del siglo XX, por medio de su nadaísmo.

Re-constructor de hombres e identidades perdidas en el ajeno transcurrir de la historia “occidental”, su obra está llena de palabras y pasajes nietzscheanos traducidos por y para él a su propio lenguaje, el paisa de la montaña antioqueña; bregar es uno de esos verbos que fundamentan su pensar; “Para no cansarse hay que bregar a descubrir nuestros ritmos”, dice Gonzales[1]. Esta palabra deja ver el obrar de la voluntad de poder nietzscheana; bregar es el equivalente a obrar, a crear, desde sí mismos, desde la única y necesaria interpretación del mundo: reconocer nuestro ritmo, es la búsqueda de sí sabiéndose en la libertad que dejó la caída del mundo suprasensible, del mudo de Platón. Que a pesar de haber caído con la edad moderna, este mundo judeocristiano, en Colombia, en la época de Gonzales, estaba más que vigente.

Fernando Gonzales dedica gran parte de su obra, a la crítica de aquellas entidades supraterrenales, ideales inmóviles que ajenamente, determinan la vida de los que padecen y gozan el cambiante mundo del devenir. De ahí la crítica severa a la iglesia, de ahí la critica a las instituciones, a esos gordos[2], según él que fundamentan su mandato en los lejanos designios divinos, y entre ellos a los jesuitas hacia los cuales dirige si su ataque frontal, ya que siendo un ‘hijo’ de esa educación sabe muy bien sus secretos. Gonzales avanza en la critica a esta educación afirmando que es totalmente alienante, y escribe; ”Hace poco se establecieron en Manizales los jesuitas. El jesuita es el hombre de la regla; el hombre que disciplina su inteligencia y sus pasiones (…). Viven los jesuitas conforme a normas preestablecidas para cada uno de sus segundos, y todos sus actos, todas sus abstenciones tienen por finalidad controlar la carne y el espíritu, doblegarlos, esclavizarlos, (…)”[3].  

Defensor acérrimo de la vida activa, esa a la que Nietzsche a partir del nihilismo activo, invita a valorar, en donde el crear por medio de la voluntad de poder es lo más preciado. El camino inacabable de Gonzales está lleno de reflexiones que motivan a vivir en el mundo del devenir, de lo fenoménico, a percibir el mundo desde la única y más propia experiencia. Ese mundo que con cada mañana nos asombra, que deslumbra con cada nueva forma que aparece; “Es nuestro propósito que la obra y expresión de nuestro vivir de cada instante quede agradable y efímera. ¡Odiamos la seriedad! Todo sonríe y es efímero, como la telaraña, menos el hombre gordo. El estilo y el pensamiento deben ser variables, efímeros, como la telaraña, que es todo lo fenoménico”[4].

Gonzales defiende de la belleza y grandeza de lo propio, que en el camino va quedando marcado por el olor del viaje. De ese viaje que significa las ganas de vivir desde sí, que más que poner un sello, es dejar que el mundo sea como es para cada quien, la cual no es más que la única y verdadera forma de ser. “Toda nuestra actividad, y más aún, los mundos todos, son el surgir de la esencia”[5]. Afirma, porque para él lo único hermoso es la manifestación que brota de la esencia  vital de cada uno, lo cual no es posible dentro de aquel ‘mundo verdadero’ que no permite, bajo ninguna circunstancia que, -en términos Heidegger- el ser sea siendo.

Con la caída de la trascendentalidad, el mundo de los dioses perfectos, de las idas eternas, pierde su fuerza activa en el hombre, por tanto este se libera. Pero esta libertad está llena de incertidumbre, el hombre se siente tirado sin sentido en el mundo, se siente desamparado, no existe ya un fundamento divino que le marque el sendero. Y es allí cuando actúa el nihilismo activo, pues tiene que empezar a obrar, a construir su propio camino. Camino que le llevará a la búsqueda constante de su ser, siendo únicamente él, quien por medio de sus pies, viaje, abra su camino, el cual se le abrirá respecto a su ser. “Por dentro llevamos la carretera de nuestras vidas”[6], dice Gonzales.

La voluntad de poder de Nietzsche, la bandera de su nihilismo, es tener poder. Pero ese poder no es coerción sobre los semejantes, sino, un poder en tanto control de sí mismo, es tenerse, saberse a partir del ser; es el camino hacia el súper hombre, el cual se reclama a sí mismo como creador, separándose de cualquier esperanza en un Dios ‘representador’ del mundo. Fernando Gonzales[7] dice; “Poseerse a sí mismo es garantía de poder”, lo cual no es más que el principio para seguir viviendo, buscando siempre lo que tenga más vida y lo que tenga más vida será siempre lo que le permita existir desde sí. Este es el ideal de la vida pletórica, o como Heidegger lo diría del ser siendo. Para Nietzsche la vida siempre será seguir viviendo desde sí, por medio del poder sobre sí mismo.

Hay tanto de donde cortar de Nietzsche a Fernando Gonzales, que es posible escribir felizmente hasta completar cientos de páginas, pero esta no es la ocasión, y por tanto, con las escusas de antemano, dejaré hasta aquí.





[1] GONZALES, Fernando. Viaje a pie. Editorial Bedout S.A. 1976 Pág. 123.
[2] Fernando Gonzales, a menudo, utiliza éste término para referirse a los políticos  y burócratas de su época.
[3] GONZALES. Op. Cit., pág. 181
[4] Ibíd. Pág. 218
[5] Ibíd. Pág. 213
[6] GONZALES, Fernando. Los negroides. Editoral Errepar S.A. 1986
[7] Ibíd. Pág. 86

martes, 5 de febrero de 2013

Como Volando


Bonita,

podemos bailar podemos volar pero no está bien, solo somos… ¿hombres?

Pero entonces podemos; amar gritar correr saltar amar,

y entonces nuestros corazones soñadores libres, saldrán y verás,

llenos de deseos, nunca regresarán, volarán y volarán hasta no ser más

... decidimos no quedarnos, y buscar un lugar, pero al querer tanto volar, no regresamos jamás.




COMO VOLANDO

Ahora que el viento y el tiempo

se juntan para hacerme cantar

Ahora que extraño el momento,

recuerdo el silencio que me da la mar.


Hacía tiempo quería volar, hacía tiempo quería soñar

hacía tiempo quería volar, hacía tiempo quería cantar


como volando volando a allá

como volando volando y ya

como volando volando a allá

como volando volando y ya


Se pierde mi alma y desnuda

busca un espejo, no quiere cambiar

encuentra, sendero difícil

es largo camino… se trata de andar


BONITA


Hacía tiempo quería volar, hacía tiempo quería soñar

hacía tiempo quería volar, hacía tiempo quería cantar


como volando volando a allá

como volando volando y ya

como volando volando a allá

como volando volando y ya

  
father teach me to fly

I want to fly

father teach me to fly

tell me can I fly?


Como volando volando volando a allá

Como volando volando volando y ya


father, I have the wind and I konw the wind

Thanks father... I can fly